Pensamientos, citas y frases célebres de San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975)

Sacerdote. Fundador del Opus Dei.

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875.- El verdadero cristiano está siempre dispuesto a comparecer ante Dios.

Porque, en cada instante -si lucha para vivir como hombre de Cristo-, se encuentra preparado para cumplir su deber.

876.- Cara a la muerte, ¡sereno! -Así te quiero. -No con el estoicismo frío del pagano; sino con el fervor del hijo de Dios, que sabe que la vida se muda, no se quita. -¿Morir?... ¡Vivir!

877.- Doctor en Derecho y en Filosofía, preparaba una oposición a cátedra, en la Universidad de Madrid. Dos carreras brillantes, realizadas con brillantez.

Recibí un aviso suyo: estaba enfermo, y deseaba que fuera a verle. Llegué a la pensión, donde se hospedaba. -"Padre, me muero", fue su saludo. Le animé, con cariño. Quiso hacer confesión general. Aquella noche falleció.

Un arquitecto y un médico me ayudaron a amortajarle. -Y, a la vista de aquel cuerpo joven, que rápidamente comenzó a descomponerse..., coincidimos los tres en que las dos carreras universitarias no valían nada, comparadas con la carrera definitiva que, buen cristiano, acababa de coronar.

878.- Todo se arregla, menos la muerte... Y la muerte lo arregla todo.

879.- La muerte llegará inexorable. Por lo tanto, ¡qué hueca vanidad centrar la existencia en esta vida! Mira cómo padecen tantas y tantos. A unos, porque se acaba, les duele dejarla; a otros, porque dura, les aburre... No cabe, en ningún caso, el errado sentido de justificar nuestro paso por la tierra como un fin.

Hay que salirse de esa lógica, y anclarse en la otra: en la eterna. Se necesita un cambio total: un vaciarse de sí mismo, de los motivos egocéntricos, que son caducos, para renacer en Cristo, que es eterno.

880.- Cuando pienses en la muerte, a pesar de tus pecados, no tengas miedo...

Porque El ya sabe que le amas..., y de qué pasta estás hecho.

-Si tú le buscas, te acogerá como el padre al hijo pródigo: ¡pero has de buscarle!

881.- «Non habemus hic manentem civitatem» -no se halla en esta tierra nuestra morada definitiva. -Y, para que no lo olvidemos, aparece con crudeza, a veces, esta verdad a la hora de la muerte: incomprensión, persecución, desprecio,... -Y siempre la soledad, porque -aunque estemos rodeados de cariño- cada uno muere solo.

-¡Soltemos ya todas las amarras! Preparémonos de continuo para ese paso, que nos llevará a la presencia eterna de la Trinidad Santísima.

882.- El tiempo es nuestro tesoro, el "dinero" para comprar la eternidad.

883.- Te has consolado con la idea de que la vida es un gastarse, un quemarla en el servicio de Dios. -Así, gastándonos íntegramente por El, vendrá la liberación de la muerte, que nos traerá la posesión de la Vida.

884.- Aquel sacerdote amigo trabajaba pensando en Dios, asido a su mano paterna, y ayudando a que los demás asimilaran estas ideas madres. Por eso, se decía: cuando tú mueras, todo seguirá bien, porque continuará ocupándose El.

885.- ¡No me hagas de la muerte una tragedia!, porque no lo es. Sólo a los hijos desamorados no les entusiasma el encuentro con sus padres.

886.- Todo lo de aquí abajo es un puñado de ceniza. Piensa en los millones de personas -ya difuntas- "importantes" y "recientes", de quienes no se acuerda nadie.

887.- Esta ha sido la gran revolución cristiana: convertir el dolor en sufrimiento fecundo; hacer, de un mal, un bien. Hemos despojado al diablo de esa arma...; y, con ella, conquistamos la eternidad.

888.- Tremendo se revelará el juicio para los que, sabiendo perfectamente el camino, y habiéndolo enseñado y exigido a los otros, no lo hayan recorrido ellos mismos.

-Dios los juzgará y los condenará con sus propias palabras.

889.- EL purgatorio es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con El.

890.- Sólo el infierno es castigo del pecado. La muerte y el juicio no son más que consecuencias, que no temen quienes viven en gracia de Dios.

891.- Si alguna vez te intranquiliza el pensamiento de nuestra hermana la muerte, porque ¡te ves tan poca cosa!, anímate y considera: ¿qué será ese Cielo que nos espera, cuando toda la hermosura y la grandeza, toda la felicidad y el Amor infinitos de Dios se viertan en el pobre vaso de barro que es la criatura humana, y la sacien eternamente, siempre con la novedad de una dicha nueva?

892.- Cuando se choca con la amarga injusticia de esta vida, ¡cómo se goza el alma recta, al pensar en la Justicia eterna de su Dios eterno!

-Y, dentro del conocimiento de sus propias miserias, se le escapa, con eficaces deseos, aquella exclamación paulina: «non vivo ego» -¡no soy yo quien vive ahora!, ¡es Cristo quien vive en mí!: y vivirá eternamente.

893.- ¡Qué contento se debe morir, cuando se han vivido heroicamente todos los minutos de la vida! -Te lo puedo asegurar porque he presenciado la alegría de quienes, con serena impaciencia, durante muchos años, se han preparado para ese encuentro.

894.- Pide que ninguno de nosotros falle al Señor. -No nos será difícil, si no hacemos el tonto. Porque nuestro Padre Dios ayuda en todo: incluso haciendo temporal este destierro nuestro en el mundo.

895.- El pensamiento de la muerte te ayudará a cultivar la virtud de la caridad, porque quizá ese instante concreto de convivencia es el último en que coincides con éste o con aquél...: ellos o tú, o yo, podemos faltar en cualquier momento.

896.- Decía un alma ambiciosa de Dios: ¡por fortuna, los hombres no somos eternos!

897.- Me hizo meditar aquella noticia: cincuenta y un millones de personas fallecen al año; noventa y siete al minuto. El pescador -ya lo dijo el Maestro- echa sus redes al mar, el Reino del Cielo es semejante a una red barredera..., y de ahí serán escogidos los buenos; los malos, los que no reúnen condiciones, ¡desechados para siempre! Cincuenta y un millones mueren al año, noventa y siete al minuto: díselo también a otros.

898.- En cuerpo y alma ha subido a los Cielos nuestra Madre. Repítele que, como hijos, no queremos separarnos de Ella... ¡Te escuchará!

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